Es lunes, el peor día de la semana. Te levantás a las 6.30, lamentando no poder estar durmiendo plácidamente en la cama.
Te das una ducha medio sonámbula. Cada vez que cerrás los ojos para que no te entre el shampoo, cabecéas y te imaginás que estarías soñando si tan solo ese despertador no hubiera interrumpido esa cómoda pose horizontal de la que antes gozabas.
Estás eligiendo la ropa, los zapatos, los accesorios y te das cuenta de que son las 7.30 ¡Salís en media hora!
Agarrás tus cosas rápido y bajás corriendo a desayunar un café que del apuro no pudiste endulzar. Ves una tostada vieja y no hay tiempo de untarle nada, te la tragás de un golpe. El reloj corre y en 15 minutos tenes que estar arriba del colectivo. Te maquillás como podés y te llevas algo para terminar de maquillarte en el camino. Libros, celular, llaves, plata, monedas, tarjetas... tenés todo ¡Corré!
Llegaste al colectivo, pagás y te das cuenta de que pertenecés al lado de la máquina por falta de lugar. La gente viaja apelotonada y no te querés imaginar lo que te espera en el próximo transporte. Falta una parada para bajarte, te atrasa el semáforo, sabés que 15 de esas 20 personas que viajan paradas se bajan junto con vos. Decidís tocar el timbre y bajarte tranquila una parada antes y caminar dos cuadras más. Diste la vuelta a la esquina y ahí está: "EL HORROR". Gente que corre hasta una boca que se abre del piso, codazos, empujones, suspiros, tos, estornudos, resoplones y un aire caliente que te despeina el flequillo con olor a cigarrillo y a subsuelo. Se escuchan tacos, zapatos, tropezones, corridas. Ya entraste al baile.
Corrés por tu vida para que no te atropellen, todos están demasiado ocupados pensando en obtener un asiento. El pitido de los molinetes se empieza a escuchar cada vez más fuerte y vez como 5 personas se pegan una a la otra para pasar rápido y no perder el ritmo. Bajás más escaleras, estás son las más peligrosas. Si te atropellan, despedite del mundo como lo conocías, así que TENÉ CUIDADO. Un ruido te estremece, y las puertas del subte se cierran. Muchos patean el suelo porque no llegaron a subirse. Ahí viene el otro, asegurate de tener un lugar en el andén, si lo perdés, valga la redundancia, ESTÁS PERDIDA. Llega el subte con algunas personas, estas empujan para salir, la gente ya está desesperada y se desesperan tanto que pisotean a los que están intentando bajarse. Sus expresiones son salvajes, algo espeluznantes, tienen los ojos abiertos a mas no poder o mordiéndose el labio inferior. ¡Estás adentro! Ves un asiento al lado de la puerta, son los mejores ¡No los pierdas! Te sentás, sonreís levemente, no sea cuestión de que alguien se enoje con vos por lograr sentarte en el viaje del horror. Las siguiente estación es tranquila, algunos suben, algunos bajan.
Una ves que llegaste a Federico Lacroze, pensás lo peor. Lo primero que ves son personas que están al borde del andén mientras son empujados por los atropellados que están llegando tarde. Ahí se produce el pasaje de viaje agitado a transporte de bestias. Caras de sufrimiento, gritos, quejas, "No empujeeen!" grita una vieja mientras los que están atrás la empujan para que entre más rápido. Se asemejan a las vacas que están siendo llevadas al matadero. El viaje es largo, te quedan unas 6 estaciones para despedirte de ellos con la remera arrugada y cara poco simpática. Pero estás sentada, no puede ser tan malo. Las estaciones pasan, la gente va y viene. Te falta menos de una estación para llegar a destino. Cuidado, esta parte a veces puede salir mal. Te parás cuando empezás a sentir que el transporte frena, delicadamente te abrís paso... Opa ¿Qué acaba de pasar? ¿El que está atrás mio me manoseó? Acá es cuando tirás la mirada asesina y ¡Ups! Disculpame pervertido, ¿Te pisé?. Se abren las puertas, salis, mirás atrás y les tirás veneno por las pupilas y caminás pensando: Ahora entiendo a los asesinos seriales.
Corrés por tu vida para que no te atropellen, todos están demasiado ocupados pensando en obtener un asiento. El pitido de los molinetes se empieza a escuchar cada vez más fuerte y vez como 5 personas se pegan una a la otra para pasar rápido y no perder el ritmo. Bajás más escaleras, estás son las más peligrosas. Si te atropellan, despedite del mundo como lo conocías, así que TENÉ CUIDADO. Un ruido te estremece, y las puertas del subte se cierran. Muchos patean el suelo porque no llegaron a subirse. Ahí viene el otro, asegurate de tener un lugar en el andén, si lo perdés, valga la redundancia, ESTÁS PERDIDA. Llega el subte con algunas personas, estas empujan para salir, la gente ya está desesperada y se desesperan tanto que pisotean a los que están intentando bajarse. Sus expresiones son salvajes, algo espeluznantes, tienen los ojos abiertos a mas no poder o mordiéndose el labio inferior. ¡Estás adentro! Ves un asiento al lado de la puerta, son los mejores ¡No los pierdas! Te sentás, sonreís levemente, no sea cuestión de que alguien se enoje con vos por lograr sentarte en el viaje del horror. Las siguiente estación es tranquila, algunos suben, algunos bajan.
Una ves que llegaste a Federico Lacroze, pensás lo peor. Lo primero que ves son personas que están al borde del andén mientras son empujados por los atropellados que están llegando tarde. Ahí se produce el pasaje de viaje agitado a transporte de bestias. Caras de sufrimiento, gritos, quejas, "No empujeeen!" grita una vieja mientras los que están atrás la empujan para que entre más rápido. Se asemejan a las vacas que están siendo llevadas al matadero. El viaje es largo, te quedan unas 6 estaciones para despedirte de ellos con la remera arrugada y cara poco simpática. Pero estás sentada, no puede ser tan malo. Las estaciones pasan, la gente va y viene. Te falta menos de una estación para llegar a destino. Cuidado, esta parte a veces puede salir mal. Te parás cuando empezás a sentir que el transporte frena, delicadamente te abrís paso... Opa ¿Qué acaba de pasar? ¿El que está atrás mio me manoseó? Acá es cuando tirás la mirada asesina y ¡Ups! Disculpame pervertido, ¿Te pisé?. Se abren las puertas, salis, mirás atrás y les tirás veneno por las pupilas y caminás pensando: Ahora entiendo a los asesinos seriales.
Malenito